El secreto detrás del ibérico Sierra de Azuaga: cero emisiones, pero no como imaginas
Del origen a la mesa: así consigue Sierra de Azuaga que sus productos ibéricos alcancen el sello de "cero emisiones" avalado por AENOR.
Si hay un producto que define a España, ese es el jamón ibérico: la fuerza de su sabor, la pasión con la que se elabora, la ilusión de compartirlo en los momentos especiales. Un producto que traslada a la tradición, pero que hoy se transforma también en la imagen de todo lo que podemos llegar a ser.
Porque si es cierto que su sabor se mantiene intacto, su producción ha evolucionado: cada vez más marcas de la industria jamonera apuestan por procesos de fabricación cero emisiones. Comer un buen jamón ibérico no solo significa cuidarse a uno mismo: es también cuidar todo lo demás.
¿Qué significa la etiqueta "Producto cero emisiones"?
El sello "Producto cero emisiones" certifica el aval de AENOR (Asociación Española de Normalización y Certificación) a los productos que han medido, reducido y compensado la totalidad de su impacto ambiental. Una etiqueta que no se otorga a la ligera: exige que todo el proceso, desde la producción inicial hasta que el jamón llega a la mesa, esté controlado y medido con precisión.
Para lograrlo, Campodulce y Sierra de Azuaga siguen un Análisis de Ciclo de Vida del producto en tres fases: primero, se calcula la huella de carbono real del producto de principio a fin; después, se reducen las emisiones a través de energías renovables y las plantaciones de maderas nobles; y también se compensan mediante proyectos medioambientales certificados, cerrando así el círculo de responsabilidad de principio a fin.
Un sello, una declaración de intenciones
Por su parte, al consumidor cada vez le pesa más este criterio en sus decisiones de compra: el impacto real que generan las marcas en el planeta. "Tenemos la suerte de vivir en una tierra que produce un jamón único en el mundo, y precisamente por eso tenemos la responsabilidad de dar ejemplo eligiendo las mejores opciones posibles", reflexionan desde el departamento de Comunicación de Grupo Jorge.
Sellos como el de cero emisiones son más que un reconocimiento técnico: son la prueba de que el prestigio de un producto ya no se mide únicamente en el sabor, sino también en la huella que deja, o que ya no deja, a su paso.